Un nuevo paso en la Sociología latinoamericana

La aceleración progresiva en el desarrollo del mundo moderno no ha excluido de su movimiento al desarrollo científico. Por el contrario, el desarrollo de la ciencia es a la vez un síntoma, un índice y una causa del progreso general.

En el concierto de las ciencias modernas encontramos a la Sociología concebida como ciencia positiva. Su rápido desenvolvimiento se puede apreciar con mayor evidencia si consideramos que hace no muchos lustros, personas que en ningún caso podríamos calificar de ignorantes, confundían sociología con socialismo y aceptaban o rechazaban esta ciencia como reacción, casi refleja, basada en la similitud de los vocablos. Hoy en día podemos decir que, por lo menos en los círculos intelectuales, se ha superado esta etapa de primitivismo verbal.

Sin embargo, al ser diferenciada de la política, la Sociología aún no lo había ganado todo. Muchas otras etapas ha debido superar. Su mayor lucha la ha tenido que librar respecto de las ciencias especulativas, no para negarlas, como ocurrió en el positivismo, sino para diferenciarse de ellas. Mucho tiempo se confundió la Sociología, con la Filosofía Social. La ciencia objetiva y positiva, con la especulativa.

La Sociología no se mueve en el orden de las ciencias abstractas sino de las variables concretas, de las situaciones dadas y comprobadas por una observación sistemática y científica. El proceso es difícil porque el hombre es una unidad integral. Se hace necesaria una autentica ascética científica, no para abandonar los juicios de valor, sino para no hacer intervenir estos juicios, en la indagación empírica de la realidad social. Aun para las personas que han tenido un entrenamiento profesional, la dificultad es constante, como constante debe ser el esfuerzo para superarla. ¿Qué diremos de la dificultad de los profanos, que no pueden abstenerse de tratar sobre temas sociales ya que son los temas que están actualmente al orden del día?

Su confusión entre política, filosofía, religión y moral, con la sociología es reiterada y pertinaz. Cuando tratan de estos temas, no pueden diferenciar los campos. Es quizás un imperativo existencial del que no se han podido librar, porque nunca creen haberlo necesitado, porque nunca lo han considerado como problema, porque al fin y al cabo, no son científicos.

Limitándonos a estos últimos, tenemos que admitir que la dificultad en América Latina, para separar los dominios de lo positivo y de lo especulativo es bastante grande. En contraste con los anglosajones, nosotros vivimos de ideas más que de realizaciones. Sin embargo, en general, la problemática en el orden de lo concreto, en el orden socio-económico, por ejemplo, es tan urgente, que seria un suicidio no dar un viraje definitivo hacia un enfoque científico de nuestras realidades. Por otra parte, la ciencia positiva es, hoy en día, una de las bases más sólidas de una convivencia mundial. Rusos y americanos no han podido ponerse de acuerdo sobre política armamentista. Sin embargo, en 1956, en Ginebra, si pudieron ponerse de acuerdo sobre los sistemas científicos de control atómico.

Si tanto occidentales, como orientales dejaran el dogmatismo en el dominio socio-económico, las bases de entendimiento se verían menos imposibles. Entre los sociólogos occidentales, gracias al enfoque empírico y positivo, ya se ha salido del dogmatismo respecto de las realidades socioeconómicas. Desgraciadamente, los sociólogos de las repúblicas populares aún no han podido librarse de la camisa de fuerza que les impone un férreo dogmatismo en este campo.

De ahí la importancia de la orientación imperante de los últimos congresos latinoamericanos de Sociología. Lo que se delineó claramente en Caracas, al comienzo de este año, se consolidó en forma franca y definitiva en Buenos Aires, en las jornadas latinoamericanas de Sociología, celebradas del 25 al 29 de septiembre. La orientación positiva en la consideración de las situaciones reales de cada país tanto en lo referente a la enseñanza de la Sociología, como en lo que respecta a la situación socio-económica de cada nación, estableció un clima de sinceridad científica indispensable al buen éxito de las jornadas.

Este nuevo enfoque trajo enormes ventajas para el análisis de nuestros problemas. Además de permitir una comparabilidad objetiva entre los diferentes países y así llegar a generalizaciones a la escala continental, centra los esfuerzos sobre la realidad descarnada de nuestros países.

Al lado de reuniones muy importantes sobre métodos y teorías sociológicas se realizó una mesa redonda sobre "Cambio Social en Latinoamérica", en la que participaron delegados de México, Brasil, Venezuela, Uruguay, Estados Unidos y Colombia.

En ella se examinó la posibilidad de cambio sin reforma de estructuras. La situación de países como México y el Uruguay, apareció como bastante diferente a la de Colombia y Venezuela.

En nuestro país, no contamos con muchos estudios globales. El informe Currie, los informes de la CEPAL y el informe del padre Lebret, además de las publicaciones del Departamento Administrativo Nacional de Estadística son los instrumentos que, aunque imperfectos (como todo instrumento estadístico y como todo estudio que, como el del padre Lebret, por ser de conjunto, descuida detalles importantes), son de las pocas bases objetivas y científicas en las que nos podemos apoyar.10 De no fundamentar nuestros análisis en estos datos numéricos y objetivos, toda afirmación quo de ellos resulte se prestaría al diletantismo, a la discusión vulgar de tipo periodístico o literario que no conduce a ninguna evidencia. En cambio los hechos y las cifras no pueden objetarse sino por medio de hechos y de cifras más valederos. En la consecución y elaboración de datos do este tipo han colaborado enormemente (además de los aportes arriba señalados): La Facultad de Sociología de la Universidad Nacional, el Centro de Investigaciones Sociales, el SENA, el Banco de la República, el Instituto de Investigaciones sobre Desarrollo Económico, el Departa-monto Nacional de Planeación, el Seminario de Administración Social de la ESAP y algunas otras entidades que se me escapan. Aunque la situación social y económica de Colombia, que estos datos revelan, no es en manera alguna halagüeña, no se nos puede ocultar el que la contribución de todas estas instituciones tiene el más alto valor patriótico. El primer paso en el remedio de un mal es el reconocimiento de su existencia. La política del avestruz es la más antipatriótica y, además, anticientífica. Creo que los colombianos y los latinoamericanos estamos saliendo poco a poco de ella.

Las conclusiones fundamentadas en estos datos parecen indicar que un cambio social que permita un desarrollo adecuado (es decir, rápido y eficaz) es imposible en Colombia sin un cambio fundamental de las estructuras socio-económicas.

La distribución del ingreso por cápita, la tasa de producción, la distribución de las clases sociales, los déficits en vivencia y en educación, la repartición de la propiedad y del ingreso, los canales de movilidad social ascendente, indican claramente la necesidad de esta reforma.

La manera como se realizará es difícil aún de predecir. Sin embargo, el juego de los grupos de presión parece mostrar que las posibilidades de un cambio, realizado de acuerdo con los medios previstos actualmente es poco probable.

Sin embargo, es posible que los que aún lo pueden hacer, abran las válvulas estructurales para producir un cambio de acuerdo con las instituciones vigentes. Estas válvulas no se abrirán si los peligros no se conocen. No se conocerán si no se estudian y se plantean.

Por eso, en los momentos que actualmente vive el país, podríamos calificar de traidores a la patria a aquellos que quieran cerrar los ojos a la realidad, e impedir así toda solución ordenada de los problemas nacionales.

Las jornadas Latinoamericanas de Sociología definieron un rumbo empírico y realista que deberá ser cristalizado por el estudio tesonero v concienzudo de los sociólogos de cada país. Su labor de análisis frió y científico será un elemento indispensable para los que quieran soluciones de buena fe y busquen sinceramente fórmulas auténticas de progreso.